El consumo en supermercados y mayoristas profundizó su caída en abril con bajas de hasta el 7,2%, según el INDEC. Asfixiadas por ingresos que pierden por goleada contra la inflación del trimestre y el peso de las tarifas, las familias abandonaron la compra mensual y se vuelcan a las terceras marcas y al rubro informal para llegar a fin de mes.
La fisonomía del consumo hogareño en la Argentina sufrió un vuelco drástico que sepulta las viejas estrategias de cobertura familiar. Afectados por salarios privados rezagados y una persistente licuación del poder adquisitivo, los trabajadores reconfiguraron por completo sus hábitos diarios, dando paso a una microeconomía de estricta subsistencia. De acuerdo con los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) correspondientes al mes de abril, las ventas en supermercados y autoservicios mayoristas encadenaron un nuevo período de fuerte contracción. Lejos quedaron las épocas donde la volatilidad de los precios empujaba a las familias al «stockeo» de mercadería como método de ahorro; la falta de liquidez actual forzó la adopción de un modelo de reposición fraccionada por unidad, el abandono masivo de las primeras marcas y un crecimiento exponencial de los canales de comercialización informales.
El último informe técnico del INDEC encendió las luces de alarma en el sector comercial al reflejar que el volumen de ventas en los supermercados retrocedió un 5,1% interanual en abril, acumulando una merma del 3,1% en el primer cuatrimestre. Se trata de la contracción más severa para este indicador desde el mismo mes del año pasado. En paralelo, el ticket promedio en las cajas se ubicó en los $35.817, apuntalado artificialmente por el uso de la tarjeta de crédito, que se consolidó como el método de pago dominante al concentrar el 44,9% de las transacciones. El escenario es aún más complejo en los eslabones mayoristas, que sufrieron un desplome interanual del 7,2%, marcando su peor registro de actividad desde noviembre de 2025. Consultoras como Scentia explican que este derrumbe responde de forma directa a la falta de efectivo en los hogares para afrontar compras planificadas quincenales o mensuales.
Este estrangulamiento presupuestario alteró la rutina en los comercios de barrio, carnicerías y verdulerías. Los reportes de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) señalan que la histórica costumbre de comprar por kilo o por cajón cerrado cedió terreno ante el pedido minucioso por unidades: hoy el cliente solicita tres papas, dos tomates o las piezas exactas de carne que se van a consumir en el almuerzo del día para evitar cualquier tipo de desperdicio. La misma lógica de supervivencia rige la composición de la canasta básica. El monitoreo de Focus Market detectó una sustitución casi total de líneas premium por segundas, terceras y «marcas blancas» de los distribuidores en categorías sensibles como aceites, fideos secos y lácteos. La respuesta de la industria no tardó en llegar: las alimenticias comenzaron a reconfigurar sus líneas de producción para lanzar envases con menor gramaje, adaptando los precios a la castigada capacidad de compra diaria.
El ajuste doméstico traspasó las góndolas de la comida y caló hondo en los artículos de cuidado personal y del hogar. La Cámara de la industria del sector (CAPA) reportó una drástica caída en la demanda de detergentes, suavizantes y jabones líquidos de firmas multinacionales. Como contrapartida, las familias se volcaron de manera masiva a los comercios de venta de productos de limpieza sueltos o artesanales. Esta modalidad, que permite a los vecinos rellenar sus propios envases plásticos en el mostrador, elimina los costos de empaque y logística, ofreciendo rebajas de hasta un 40% en comparación con los supermercados tradicionales. El trasfondo de esta mutación conductual es matemático: frente a una inflación que acumuló un 9,4% en el primer trimestre del año, los sueldos privados formales apenas ajustaron un 5,9%. Con el bolsillo en jaque, un estudio de Kantar Insights determinó que el 85% de los hogares locales ya modificó su rutina, rompiendo la fidelidad hacia las marcas o cadenas con tal de caminar y conseguir el precio más bajo.
