En su cuarta semana de conflicto, las protestas y cortes de rutas impulsados por los seguidores de Evo Morales asfixian a La Paz y El Alto. El mandatario, alineado con el modelo de libre mercado de Donald Trump, defendió su plan de «capitalismo para todos» y recibió el apoyo explícito de los Estados Unidos ante la amenaza de un golpe de Estado.
La transición política y económica en Bolivia atraviesa su hora más dramática y pone a prueba la estabilidad de la región. El presidente Rodrigo Paz denunció formalmente la existencia de «intereses internos y externos» orientados a desestabilizar su administración y hacer fracasar el giro de apertura de mercados en el país andino. En una entrevista exclusiva con la cadena norteamericana Bloomberg Television, el mandatario —quien asumió en noviembre pasado quebrando dos décadas de hegemonía socialista— advirtió que, si bien prioriza las mesas de diálogo sectorial, la Constitución nacional lo faculta para emplear de forma legítima la fuerza pública con el fin de restaurar el orden. La declaración se produce en el marco de la cuarta semana consecutiva de un feroz bloqueo de carreteras encabezado por sectores agrícolas, sindicales y cocaleros leales al expresidente Evo Morales, una medida de fuerza que ya provocó un severo desabastecimiento de alimentos, combustibles y medicinas en las principales ciudades del oeste boliviano.
El epicentro de las movilizaciones sumergió al país en un escenario de alta volatilidad. Tras intensos enfrentamientos con gases lacrimógenos el sábado, las agrupaciones «evistas» reinstalaron las barricadas el domingo en puntos estratégicos de la red vial nacional. La violencia escaló al punto que el ministro de Obras Públicas, Mauricio Zamora, denunció haber sido emboscado en tres oportunidades por manifestantes armados con piedras y material explosivo. Las bases movilizadas exigen la renuncia inmediata de Paz, argumentando que tras seis meses de gestión no ha logrado revertir la profunda crisis económica heredada. Por el contrario, el jefe de Estado defiende su programa de reformas, que incluyó la flexibilización de los históricos subsidios estatales a los combustibles y el sinceramiento del tipo de cambio, medidas destinadas a atraer inversiones en áreas clave como el litio, el gas y la minería. «El pasado no quiere dar paso al presente y al futuro», sentenció el líder boliviano desde el palacio de gobierno en La Paz.
El conflicto doméstico adquirió una inmediata dimensión geopolítica a partir de la intervención directa de la Casa Blanca. La Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado norteamericano confirmó el inicio de un programa de asistencia alimentaria de emergencia y apoyo logístico operativo para mitigar la parálisis humanitaria que sufren los centros urbanos de La Paz y El Alto. Asimismo, el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, respaldó de forma categórica el proceso boliviano al asegurar que su administración no permitirá que «criminales y narcotraficantes derroquen a líderes democráticamente electos en nuestro hemisferio», en una velada alusión a las causas judiciales por trata de personas y corrupción que acorralan al exmandatario del Movimiento al Socialismo (MAS).
Mientras los comités socioeconómicos del oficialismo intentan coordinar reuniones urgentes con las federaciones agrarias para este miércoles, el panorama institucional sigue siendo una incógnita. El Senado boliviano complejizó la posición del Ejecutivo al derogar de forma sorpresiva la ley que regulaba el estado de excepción, limitando las herramientas de emergencia de Paz. Desde su bastión del Chapare en Cochabamba, donde se presume permanece refugiado en una estación radial, Evo Morales califica las protestas como una «sublevación popular» legítima y presiona por una convocatoria a elecciones anticipadas. Al cruce de esta estrategia, Rodrigo Paz ratificó que su gobierno representa el cierre definitivo de un ciclo de veinte años y concluyó: «Esta transición no será fácil, pero claramente es el camino correcto para liberar las fuerzas productivas de Bolivia».
