Según un análisis de The Economist, los varones de 18 a 29 años están abandonando el respaldo al presidente estadounidense. El desencanto económico, el costo de la vivienda y el impacto de la guerra en Irán desplazan el interés por la «masculinidad política» hacia prioridades de la vida cotidiana.
La mística de la provocación y la fuerza que llevó a Donald Trump a consolidar un sólido apoyo entre los jóvenes parece estar encontrando su límite. Un reciente informe de la revista británica The Economist advierte sobre un marcado debilitamiento de su figura en el segmento de varones de entre 18 y 29 años. Lo que en la elección de 2024 fue un apoyo del 49%, hoy se ha desplomado al 28%, según datos de la Universidad de Harvard. El cambio de humor social sugiere que el electorado joven está virando desde la polarización ideológica hacia una agenda de supervivencia económica: trabajo, techo propio y la posibilidad de formar una familia.
El análisis señala que el estilo comunicacional de Trump, basado en valores de «masculinidad política», ya no genera el mismo impacto. Los jóvenes, enfrentados a una realidad de inflación persistente y un acceso a la vivienda prácticamente nulo, comienzan a ver una brecha entre las promesas de campaña y su situación diaria. Factores geopolíticos y económicos recientes, como la imposición de nuevos aranceles y la guerra en Irán, han presionado el costo de vida al alza, alimentando un sentimiento de frustración que antes se canalizaba como rebeldía política y hoy se traduce en desinterés.
Sin embargo, este desencanto con el Partido Republicano no implica un trasvase de votos hacia el Partido Demócrata. Por el contrario, existe una sensación de «huérfanos políticos»: mientras el 54% de los jóvenes percibe un sesgo «antimasculino» en los demócratas, otro sector importante rechaza la retórica conservadora actual. Según la encuesta de Harvard/IOP, el grupo más grande de este segmento (38%) se declara indeciso o directamente afirma que no votará en las próximas elecciones de mitad de mandato.
El caso de Miguel Martínez, un joven de 21 años citado por el medio, ilustra la crisis: a pesar de tener dos empleos, vive con sus padres y no vislumbra un futuro independiente. Martínez, que votó a Trump en 2024, ahora planea abstenerse. Esta tendencia de jóvenes que permanecen en el hogar materno ante la falta de oportunidades reales de desarrollo está reconfigurando el mapa electoral de los Estados Unidos, convirtiendo a un antiguo bastión de apoyo en un terreno de incertidumbre.
Para Trump, la pérdida de este «voto joven» representa un desafío estructural de cara al futuro del Partido Republicano. La narrativa de la identidad parece estar siendo derrotada por la economía del día a día, dejando al Presidente frente a un electorado que ya no busca provocación, sino soluciones tangibles para llegar a fin de mes.
