Con la conducción de Karina Milei y los hermanos Menem, LLA busca expandirse sin perder el control político.
En una estrategia de doble comando, el Gobierno busca garantizar la gobernabilidad y el apoyo legislativo mediante pactos con mandatarios provinciales dialoguistas, al tiempo que consolida un armado electoral verticalista bajo el sello de La Libertad Avanza. En paralelo, Javier Milei prepara una señal ideológica con la visita de David Friedman, en medio de la tensión interna por el escrutinio de la Fundación Faro.
Con la mirada puesta en el mapa electoral de 2027 y la necesidad de sostener su agenda de reformas en el Congreso, la Casa Rosada ha iniciado una fase de «acuerdos de gobernabilidad» con gobernadores dialoguistas. El Ejecutivo busca un equilibrio pragmático: mantener canales de diálogo abiertos con figuras como Raúl Jalil, Osvaldo Jaldo y Gustavo Sáenz para asegurar la votación de proyectos clave, pero sin sacrificar la autonomía del sello de La Libertad Avanza ni la verticalidad de su propia estructura partidaria.
La estrategia electoral del oficialismo se aleja de las alianzas tradicionales para priorizar el crecimiento de una militancia propia. «Preferimos sumar bancas en el Congreso antes que usar el aparato de los gobernadores», sostienen en Balcarce 50, reafirmando que el objetivo es competir en al menos 18 provincias con candidatos propios, evitando alianzas electorales orgánicas que diluyan la identidad del espacio liderado por el presidente Javier Milei. Esta hoja de ruta, conducida por Karina Milei, Eduardo «Lule» Menem y Martín Menem, busca un armado que no dependa de aliados externos, cuya lealtad ante eventuales crisis o escándalos judiciales el Gobierno considera volátil.
En el tablero bonaerense, pieza clave para el cálculo nacional, el oficialismo ya ha dado señales claras de respaldo a Diego Santilli como su candidato, mientras descarta un acuerdo formal con el PRO. Paralelamente, el Gobierno busca imponer una hoja de ruta legislativa clara: confía en avanzar con el «Súper RIGI» y prevé modificaciones en las PASO hacia un esquema optativo, postergando cualquier debate sobre reforma tributaria profunda para el próximo año.
Mientras la política tradicional se mueve bajo los radares, el Presidente prepara un gesto hacia su núcleo ideológico con la llegada de David Friedman, economista de culto del liberalismo, quien participará en un evento de la Fundación Faro. La actividad, sin embargo, ocurre bajo la lupa de la Inspección General de Justicia, un expediente que en la Rosada leen como parte de la persistente disputa interna entre el sector de Karina Milei y el que gravita en torno a Santiago Caputo.
Esta dualidad —la gestión pragmática con los gobernadores y la insistencia en la pureza ideológica digital— define el momento actual del gobierno. Mientras el ala de Karina Milei intenta profesionalizar la estructura territorial, el grupo caputista defiende su lógica de «intervención digital» y el control de la conversación pública. Con este esquema, la Casa Rosada busca llegar a 2027 con un bloque legislativo fortalecido y sin ceder el comando político, intentando que las posibles derrotas en elecciones desdobladas no perforen la expectativa del mercado sobre la continuidad del rumbo nacional.
