El indicador se acerca a los 600 puntos básicos tras siete jornadas consecutivas a la baja. La acumulación de USD 2.400 millones en el mes no alcanzó para calmar a los inversores, que ahora miran con lupa el parate económico y el clima social de cara a las elecciones 2027.
Una señal de alerta se encendió en el mercado financiero argentino. A pesar de que abril parecía el mes ideal para la consolidación de los activos locales, los bonos soberanos entraron en una racha negativa que empujó al riesgo país hasta los 587 puntos básicos. Este repunte, que se da en paralelo a una acumulación de reservas por parte del Banco Central que ya roza los USD 46.000 millones, sugiere que la relación directa entre «compra de dólares» y «confianza inversora» empezó a resquebrajarse ante las dudas que generan la recesión económica y el futuro calendario electoral.
El mercado atraviesa una etapa de reconfiguración. Si bien el BCRA lleva adquiridos más de USD 6.800 millones en lo que va del año, los bonos no reaccionaron con la potencia esperada. Según analistas del Grupo SBS, la atención de los grandes fondos de inversión se desplazó de la foto del presente (las reservas actuales) a la película del futuro: los pesados vencimientos de deuda que Argentina debe afrontar entre fines de 2026 y 2027. A esto se suma el desinterés por la falta de una emisión internacional que funcione como «test de apetito» para el riesgo argentino en el exterior.
El panorama local también aporta su cuota de incertidumbre. Los últimos datos de actividad muestran una performance heterogénea y señales de deterioro en variables reales como el empleo privado y el salario real. Indicadores de confianza de la Universidad Di Tella confirmaron nuevas caídas en abril, un factor que los especialistas consideran clave para medir el «humor social» antes de que el calendario electoral cope la agenda. «Empieza a debilitarse la relación directa entre compras del BCRA y compresión del riesgo», advierten desde la consultora Criteria.
No obstante, no todo es pesimismo. En el frente corporativo y provincial, el crédito argentino sigue dando señales de vida: distritos como Chubut lograron colocar deuda con niveles elevados de demanda. Además, el balance cambiario de marzo arrojó un superávit de cuenta corriente cercano a los USD 1.700 millones. El Tesoro, por su parte, mantiene su estrategia de financiarse en el mercado local mediante la colocación de Bonares, intentando captar divisas para blindar los próximos pagos de deuda mientras el mercado internacional de capitales sigue mirando con cautela.
Con el riesgo país nuevamente en la zona de los 600 puntos, el Gobierno se enfrenta al desafío de demostrar que el orden fiscal y la acumulación de divisas pueden convivir con una reactivación de la economía real que convenza a Wall Street de que la recuperación argentina es sustentable en el largo plazo.
