El mandatario salvadoreño, quien cuenta con un alto nivel de popularidad, oficializó su búsqueda de un nuevo mandato. Su gestión es foco de graves denuncias de derechos humanos por parte de organizaciones como Amnistía Internacional, que señalan la existencia de posibles crímenes de lesa humanidad.
Nayib Bukele, presidente de El Salvador desde 2019, oficializó su candidatura para una nueva reelección consecutiva en los comicios previstos para febrero de 2027. En caso de obtener la victoria, el mandatario de 44 años prolongará su estancia en el poder, con la posibilidad de aspirar a un nuevo período en 2033, aprovechando un esquema de reelección indefinida habilitado tras modificaciones legales.
Popularidad y seguridad
El respaldo a Bukele se sostiene en una imagen favorable del 93% y un 98% de apoyo a su política de seguridad, según la encuesta de CID Gallup. La estrategia del gobierno se centró en desarticular a las pandillas conocidas como “maras” mediante detenciones masivas bajo un prolongado régimen de excepción. Este enfoque ha recibido duras críticas de Amnistía Internacional, que advierte sobre la muerte de cientos de personas en prisión y más de 90.000 detenciones arbitrarias, lo que podría constituir crímenes de lesa humanidad.
El camino hacia la continuidad
El panorama electoral se caracteriza por una oposición debilitada y una estructura institucional alineada con el oficialismo. En julio de 2025, el Congreso salvadoreño eliminó el límite de mandatos consecutivos y extendió el período presidencial de cinco a seis años. Analistas como Víctor Aguilar, de la ONG Crisis Group, señalan que la elección se percibe más como una formalidad que como una competencia real. El resultado podría verse influenciado, aunque de manera limitada, por el impacto de las elecciones de medio término en Estados Unidos y el desempeño de los candidatos legislativos y municipales del partido Nuevas Ideas, quienes poseen menor popularidad que el propio Bukele.
La «bukelización» regional
El modelo de seguridad salvadoreño ha inspirado narrativas de «mano dura» en otros países de América Latina. Líderes como el presidente ecuatoriano Daniel Noboa y el presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, han adoptado discursos o estéticas similares. No obstante, especialistas advierten que la influencia de Bukele se manifiesta principalmente en las campañas políticas, mientras que la gobernabilidad en la región sigue dependiendo mayoritariamente de factores internos de cada nación.
