Según un informe de la consultora Equilibra, el dinero neto para consumo familiar retrocedió un 0,4% en marzo y se ubica un 12% por debajo de los niveles de 2023. La suba de tarifas, prepagas, transporte y alquileres avanzó a un ritmo del 5,1%, superando a la inflación general y neutralizando las mejoras paritarias.
Llegar a fin de mes se convirtió en una ecuación matemática cada vez más asfixiante para los hogares argentinos, incluso en un contexto de desaceleración de la inflación general. Un detallado informe de la consultora económica Equilibra encendió las alertas al demostrar que el dinero efectivamente disponible en el bolsillo de 14,5 millones de personas —tras cumplir con las obligaciones mensuales inevitables— volvió a contraerse un 0,4% en marzo. La paradoja radica en que, durante ese mismo período, los ingresos reales registrados mostraron una leve recuperación técnica del 0,1%. Sin embargo, este tímido avance paritario fue completamente neutralizado y absorbido por un incremento del 5,1% en los gastos fijos de la clase media y sectores vulnerables, un indicador que corrió muy por encima del índice de precios general que promedió el 3,4%.
La brecha que desvela a los analistas económicos expone un cambio estructural en el presupuesto familiar. El estudio desglosa los ingresos descontando una canasta rígida que incluye alquileres, expensas, transporte público, educación privada, conectividad, tarifas de servicios públicos y medicina prepaga, rubros que cuentan con nulo margen de sustitución. Al registrar subas muy superiores al promedio de la economía, este combo de servicios regulados y canastas básicas obligó a los trabajadores y jubilados a recortar de manera drástica sus consumos en otros bienes secundarios de la economía, hundiendo la actividad comercial general. En la perspectiva de mediano plazo, el deterioro es drástico: el ingreso disponible de la población se encuentra un 12,2% por debajo del promedio registrado en el período enero-septiembre de 2023, mientras que el ingreso real bruto recortó un 6,6% desde el cambio de gestión nacional.
El análisis segmentado por grupos sociolaborales exhibe que la recesión y la devaluación del poder de compra golpearon de forma asimétrica. Los empleados públicos registraron el mayor repunte nominal en marzo con un alza del 1.6% en su ingreso real, pero tras abonar los gastos fijos la mejora real neta se licuó al 1,1%; este sector es el que más terreno perdió contra 2023, arrastrando un desplome del 25,9% en su capacidad de consumo. Por su parte, los asalariados del sector privado formal experimentaron una baja mensual del 0,2% en su ingreso bruto y un retroceso del 0,6% en el dinero neto remanente, consolidándose históricamente como el segmento que exhibe el menor deterioro relativo frente a la prepandemia y los años previos, con una pérdida acumulada del 4,9%.
La situación más crítica del entramado previsional se concentró en los adultos mayores. Aquellos beneficiarios que perciben la jubilación mínima con bonos compensatorios sufrieron una contracción del 0,9% en términos reales y una severa caída del 1,3% en su ingreso disponible en solo treinta días, acumulando un desfasaje negativo del 19,3% respecto al año 2023. Las proyecciones preliminares trazadas por Equilibra para el mes de abril anticipan un escenario complejo: si bien la inflación general consolidó una baja de casi un punto porcentual para ubicarse en el 2,6%, los gastos fijos mantuvieron su dinámica alcista al expandirse un 4,1%. Esto prefigura que, a pesar de que los índices oficiales del Gobierno exhiban planillas con salarios ganándole a la inflación general, la realidad en las cajas de los supermercados continuará condicionada por el peso asfixiante de las tarifas públicas y los servicios privados indispensables.
