Aunque las consultoras privadas estiman que la inflación de mayo perforó el 2,5% y el ministro Luis Caputo promete un fuerte rebote económico, el consumo masivo y la demanda siguen deprimidos. El IVA cayó 3,2% real, la venta de autos se desplomó un 25,6% y los empresarios alertan sobre un preocupante crecimiento del contrabando en las fronteras.
Los primeros indicadores oficiales y privados correspondientes al mes de mayo consolidaron una «economía de dos velocidades» en la Argentina, donde los éxitos financieros y macroeconómicos del Palacio de Hacienda conviven con un mercado interno que no logra hacer pie. A pesar de que el ministro de Economía, Luis «Toto» Caputo, vaticinó el inicio de los «mejores 18 meses» de la historia del país, apuntalado por el superávit y un récord en la compra de divisas por parte del Banco Central, la esperada reactivación del consumo masivo se hace desear. La marcada desaceleración de la inflación, que las consultoras privadas ubicaron en un rango de entre el 2,1% y el 2,3% para el mes pasado, aún no se tradujo en una recomposición del poder adquisitivo de los salarios. Analistas y referentes del sector empresarial advierten que los principales termómetros de la demanda doméstica —como la recaudación del IVA y los patentamientos de vehículos— se mantienen en terreno negativo, condicionados por la falta de financiamiento y por una agresiva competencia desleal derivada del contrabando.
La fragilidad del consumo quedó expuesta con crudeza en los registros sectoriales y en los datos fiscales del último mes. De acuerdo con el informe de la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (ACARA), la venta de vehículos 0 kilómetro sufrió una estrepitosa caída interanual del 25,6%, totalizando apenas 41.921 unidades patentadas. Desde las concesionarias atribuyen esta parálisis a la asfixiante carga impositiva local y al endurecimiento de las condiciones de financiamiento bancario, producto de un incremento en la morosidad que obligó a las entidades financieras a ser extremadamente cautas a la hora de otorgar créditos. Esta tendencia discreta de la demanda se reflejó de igual modo en la recaudación impositiva: si bien el Palacio de Hacienda celebró el mejor volumen de ingresos fiscales en nueve meses gracias al Impuesto a las Ganancias sobre las sociedades, los tributos ligados directamente al pulso de la calle volvieron a exhibir números rojos. El IVA vinculado a la actividad interna (IVA DGI) registró una contracción real del 3,2% en mayo, acumulando una baja del 1,7% en los primeros cinco meses del año. En una sintonía similar, el impuesto al cheque (Débitos y Créditos) mostró una merma real del 4,1% mensual.
El diagnóstico de los especialistas ratifica que el repunte de la actividad global no derrama de forma automática sobre el bolsillo de los ciudadanos. Esteban Domecq, director de la consultora Invecq, detalló que «el consumo sigue flojo» y que los datos preliminares exponen una continuidad de la atonía de abril, mes que no logró sostener el leve rebote técnico observado durante marzo. Para el economista Fernando Marull, si bien es factible que la inflación de junio perfore el piso del 2%, el proceso de recuperación salarial frente a los precios será lento y gradual, postergando el Humor Social positivo que la Casa Rosada busca con urgencia de cara al mediano plazo.
A la persistente caída de las ventas se le sumó una fuerte advertencia del sector industrial nacional respecto de las asimetrías de la competencia interna. Durante el Congreso Anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF), el director ejecutivo de Newsan, Luis Galli, denunció un alarmante incremento en los niveles de contrabando que ingresan por las fronteras del país sin abonar ningún tipo de arancel. El empresario describió un escenario alarmante: uno de cada tres teléfonos celulares que se comercializan en la Argentina entra de forma ilegal, la gran mayoría de las máquinas de afeitar provienen de Brasil de manera informal y el 70% del mercado de perfumes elude los controles impositivos. Las firmas que operan formalmente en el mercado doméstico denuncian que esta matriz de venta clandestina, combinada con la elevada presión tributaria que pesa sobre la producción local, termina por «inclinar la cancha» en detrimento de la industria nacional, agravando el complejo escenario recesivo que atraviesan los comercios y las fábricas.
