Impulsada por un productor de Punta Tombo, la iniciativa busca posicionar este producto en las carnicerías de Trelew. Afirman que es una opción nutritiva y resistente para los campos patagónicos, aunque el debate ético y cultural ya divide aguas.
Una innovadora y controvertida propuesta productiva comenzó a rodar en la provincia de Chubut. El proyecto «Burros Patagones», liderado por el productor rural Julio Cittadini, pasó de la teoría a la práctica este mes de abril con las primeras ventas de carne de burro en comercios locales. La iniciativa surge como una respuesta directa a la crisis de la industria ovina y busca aprovechar la resistencia de estos animales en zonas áridas donde la ganadería tradicional no prospera.
El producto ya se ofrece en carnicerías de Trelew con un valor de 7.500 pesos por kilo, presentando cortes similares a los vacunos. Para fomentar el consumo y derribar prejuicios, se programó una degustación pública para este 16 de abril, donde se ofrecerán asado, empanadas y chorizos. Según Cittadini, la carne posee cualidades nutricionales y un sabor comparables a la de vaca, lo que facilitaría su adopción en la dieta diaria si se garantiza un precio competitivo.
Sin embargo, el proyecto enfrenta una fuerte barrera cultural y ética. Mientras algunos sectores ven en la diversificación una salida económica necesaria para la Patagonia, organizaciones proteccionistas rechazan la faena de un animal históricamente vinculado al trabajo y la compañía. A estas críticas se suman las dudas sobre la escala del negocio y la necesidad de obtener la certificación de SENASA para poder expandir la comercialización más allá de las fronteras provinciales.
Más allá del consumo interno, el emprendimiento tiene la vista puesta en el mercado internacional. El cuero de burro es altamente demandado para la producción de ejiao, una gelatina utilizada en la medicina tradicional china. Esta veta exportadora podría ser el sostén financiero de una actividad que, por ahora, genera tanto asombro como resistencia en la opinión pública.
El avance de esta alternativa productiva pone sobre la mesa la necesidad de repensar la matriz agropecuaria en regiones críticas. El tiempo y la aceptación de los consumidores determinarán si la carne de burro se convierte en un nuevo estándar regional o si queda como un experimento aislado ante la burocracia y las tradiciones locales.
