Mientras Trump busca un acercamiento, Irán endurece su postura por la situación en el Líbano y mantiene bloqueado el Estrecho de Ormuz.
En un clima de máxima hostilidad internacional, Irán fijó una posición tajante frente a la próxima reunión diplomática programada en Pakistán. A través de canales oficiales, Teherán comunicó que cualquier posibilidad de entendimiento con la Casa Blanca está supeditada a un cese inmediato de las hostilidades en el Líbano. Esta declaración se produce en un contexto donde el «frente de resistencia» amenaza con escalar el conflicto hacia un enfrentamiento directo de consecuencias impredecibles.
La advertencia iraní, difundida por la agencia estatal Tasnim, pone el foco en los ataques de Israel contra objetivos de Hezbolá, particularmente en zonas densamente pobladas como el barrio de Dahieh. Según el alto mando militar persa, la continuidad de estas incursiones recibirá una «respuesta dolorosa», lo que profundiza el temor de una guerra abierta que involucre de forma directa a las principales potencias globales.
Este escenario bélico ya muestra sus primeras esquirlas en la economía mundial. El bloqueo del Estrecho de Ormuz, una arteria vital para el comercio de energía, ha consolidado el precio del barril de petróleo en la barrera de los 100 dólares. La negativa del régimen a sentarse en la mesa de negociaciones con Trump añade un componente de incertidumbre financiera que afecta los mercados y presiona las proyecciones inflacionarias a nivel global.
La comunidad internacional observa con cautela los movimientos previos a la cumbre en suelo pakistaní, que asomaba como una oportunidad para la distensión. Sin embargo, con el despliegue militar en aumento y las condiciones innegociables de Irán sobre la mesa, el margen para la diplomacia parece reducirse, dejando al mundo a la espera de un gesto que evite una escalada de violencia mayor en la región.
