Ni las playas ni la nostalgia alcanzan. La falta de servicios básicos espantó a los visitantes y dejó al régimen de La Habana sin su principal vía de entrada de dólares.
El motor económico de Cuba se ha detenido. Durante el primer trimestre de 2026, la llegada de visitantes internacionales se desplomó un 48%, un golpe devastador para un régimen que apostó todo al turismo para sostener sus arcas. Según datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), apenas 298.057 personas visitaron la isla entre enero y marzo, cifras alarmantes para lo que debería ser el pico de la temporada alta. La crisis ya no es solo una cuestión de «mala imagen»; es el resultado de un colapso operativo donde la escasez de combustible para aviones y la falta de electricidad han convertido la experiencia del viajero en una extensión de la precariedad que sufre el pueblo cubano.
La situación alcanzó su punto de quiebre en febrero, cuando las autoridades notificaron a las aerolíneas que no podían garantizar el suministro de combustible para la aviación. La respuesta no se hizo esperar: Air Canada, el principal emisor de turistas hacia la isla, suspendió sus rutas y organizó operativos de repatriación. Este «efecto dominó» destruyó la previsibilidad necesaria para cualquier destino internacional. Hoy, turistas que pagaron por sol y playa se encuentran con hoteles a media máquina, sin aire acondicionado por los cortes de luz y con transporte interno prácticamente paralizado.
Mientras destinos competidores como República Dominicana o México baten récords de visitas, Cuba retrocede a niveles de hace décadas. En 2018, la isla recibió 5 millones de turistas; para el cierre de 2025, la cifra ya había caído a 1,8 millones. El deterioro ha perforado la burbuja que el Estado intentaba mantener:
- Infraestructura en ruinas: Hoteles de lujo en zonas como Varadero o los Cayos operan con restricciones severas de agua y energía.
- Impacto social: El derrumbe golpea el corazón de la economía privada (casas de alquiler, guías y restaurantes), dejando a miles de familias sin el sustento básico que obtenían de las propinas y el consumo extranjero.
- Crisis energética: Con apagones que superan las 20 horas diarias en regiones turísticas como la Ciénaga de Zapata, el destino ha perdido competitividad frente a cualquier otra opción en el Caribe.
Las grandes cadenas como Meliá e Iberostar observan con preocupación una ocupación bajísima que compromete la rentabilidad de sus inversiones. Aunque el Gobierno intenta atribuir la crisis exclusivamente a las presiones externas, la realidad muestra un modelo económico agotado, incapaz de producir alimentos básicos o mantener su red eléctrica, factores que terminaron por espantar incluso a los viajeros más fieles.
El turismo era el último pulmón de oxígeno para una economía asfixiada por la inflación y la emigración masiva. Sin los dólares que aportan los visitantes, la capacidad del régimen para importar comida, medicinas y combustible se reduce drásticamente, alimentando un círculo vicioso de carencias. El mensaje de este primer trimestre de 2026 es contundente: cuando un país no puede garantizar la luz ni el combustible, ni siquiera sus playas más paradisíacas alcanzan para disimular el derrumbe de un sistema.
